dos pequeños poemas...

Ven aquí...
Ven aquí,
Niño,
Necesito tu compañía,
Mientras la noche se queda sin estrellas
Y el corazón que sumido
En la tristeza.
Ven aquí,
No me abandones,
A la soledad que parece contenta
De tenerme solo para ella.
Ven aquí,
Abrázame fuerte,
Como si no lo volvieras a repetir,
Déjame el recuerdo de tu aroma,
En cada parte de mi piel
La luna hace el amor,
El sol se convierte en su compañero.
Seamos como ellos dos,
Y amémonos hasta que no exista el color.
Solo el negro del olvido,
Que juega con nosotros,
Que nos dice que no hay amor,
Que el se lo llevo.
¿Y donde quedaron?
Las ilusiones que nos creamos,
Los besos que nos dimos,
Las caricias que nos prodigamos,
Los recuerdos compartidos,
Las lágrimas que nos empaparon,
Cuando estábamos separados.
¿Donde quedaron?
La esencia que hoy desaparece,
La luz que se apaga en el corazón,
El fuego extinguido por el tiempo,
Todas esas cosas,
Se fueron extinguiendo,
Limpiamente por el sabio viento,
Aunque yo siga sintiendo,
Tu querer ya esta muerto.
No hay a quien culpar,
Nadie manda los sentimientos,
Ni controla el pensamiento,
Solo lo que hacemos con ellos.
Y aun así te odio por momentos,
Solo porque dejaste de amar a este corazón,
Que sigue latiendo,
Agonizando en silencio.
Es más fácil soportar el dolor,
Cuando se remplaza por el rencor,
Aunque sea injusto,
Lo que hago, con lo que hubo
Entre nosotros dos.

Siento la Lejania
Siento cada instante
La lejanía de tu ser…
Añoro a cada momento
Las caricias del ayer.
Mas, aun no puedo
Perdonar,
Las llagas que dentro del alma,
Las heridas que aun sangran,
Las qué se convertirán en cicatrices descalzas
Pero que nunca serán olvidadas.
Si pudiera olvidar tu existencia
Lo haría, sin dudar…
Así no estaría,
Deseando volver a soñar.
Si fuera tan fácil como decir:
Hoy te arranco de mi corazón.
Si fuera tan fácil como decir:
Hoy ya no te quiero amor,
Seria feliz.
La realidad vuelve,
Entremezclándose con el ensueño,
No puedo alejarte de mi pensamiento,
Todavía estas adherido aquí dentro;
Se desangra el alma,
En los recuerdos.
Alaridos de agonía
Me convulsionan maliciosamente,
Retuercen las entrañas
Juegan conmigo maquiavélicamente,
Como tú hiciste en el instante
Que decías profesarme amo sincero.
Las promesas falsas,
Las palabras vacías,
Los sueños irreales,
Las esperanzas…
¿Las esperanzan?
Algún día existieron
Simplemente, fueron…
Castillos de cartas,
Dejados al viento.
Siento cada instante
La lejanía de tu ser…
Añoro a cada momento
Las caricias del ayer…
Pero no puedo disculparte,
Que fueras a su lecho
Me abandonaste,
Sin ningún miramientos
Por mis emociones
Por el amor que entregue.
Hoy solo me despido
De ti, vampiro celestial,
Sé que las ulceras que se retuercen,
En mi mente demente,
Seguramente jamás sanaran…
Las dejaste para poder venir a succionar.
A alimentarte del rió rojo
Que posiblemente nunca desaparecerá…
Pero, hoy huyó de ti,
No seré de nuevo una presa fácil
Para tu apetito voraz,
Para saciar tus sádicos deseos,
Tendrás que buscarte alguien más.

Darunia dijo
Bienvenida a este mundo Cristina.
Ya verás como al final quedas enganchada a estos de los blogs. Además se conoce a muy buena gente por aquí.
Me gustan los poemas que has puesto. ¿Lo has escrito tú?
Seguiré visitándote.
Un saludo.
20 Noviembre 2006 | 10:20 AM